Archivo de octubre 2009

Arrivederci Alfa

Miércoles, 28 octubre 2009

No hay canción que mejor ilustre el adiós de hoy ni las sensaciones que me recorren cuando pienso en lo que estoy haciendo que la que Marshall y Ted escuchaban una y otra vez en su Fiero. Y es que igual que en ese capítulo de HIMYM, me despido definitivamente de mi coche, de mi Alfa 146. No es que me vaya a poner melancólico, pues nunca nos llevamos del todo bien y nuestra relación fue un quebradero de cabeza bastante grande, pero lo echaré de menos, mi primer coche.

alfa

Heredado -como otras tantas cosas- de mi hermano, después de tener dos años de carnet y no conducir me atreví a asegurarlo y sacarlo del garaje. Ese día ya me demostró que esto de tener un coche no iba a ser algo fácil. Casi todos conocéis esa historia… salida del garaje, coche de frente, columna oculta, puerta trasera derecha incrustada, nuevo diseño aerodinámico, llantos, risas, miedos, tranquilidad… Después de mucho circular y perderle el miedo a costa de interminables broncas con mi copilota (gracias por no matarme con la guía Campsa), aparte de una contractura crónica en mi espalda conseguí disfrutar conduciendo. Un año entero asustándome con su aguja de reserva que variaba más que el clima de Cantabria, sacando dinero de donde no lo había para llenar el depósito (sus 103 caballos debían tener un problema con la bebida, si no no me explico por donde se iba tanta gasolina) y aparcando en la calle Honduras por no tener que hacerlo dentro del garaje de nuevo (lo saqué el día de la columna y lo metí el día que lo dejé allí para morir).

Ahora, crisis mediante, mi pobre Alfa, que me llevó por las carreteras de todo Cantabria (tampoco mucho más lejos) tiene que decirnos ‘hasta siempre’. 10 años, cambios de ruedas, filtros, revisiones, itvs, chapa… más la gasolina… más los 500 del seguro… nos plantábamos en más de mil euros para sacarlo de ahí, y ni los tengo, ni hay visos de que los tenga, y si los hubiera, no me los gastaría en él. Así que para evitar todos estos gastos, sacrificaremos en breves días a este compañero de aventuras, que tantas anécdotas ha traído. Te despido con la misma canción que al inicio, pero por supuesto, la versión de Peter Griffin, porque aunque fueras un cabronazo como coche, he reído mucho dentro.

Nos dejó el jugón

Sábado, 17 octubre 2009

No soy muy dado a escribir sobre las noticias del mundo en el blog, pero siempre hay que hacer excepciones. Anoche nos dejó Andrés Montes, inesperadamente, como cuando el rival lanza desde su propio campo un último tiro al final del último cuarto, y aunque estás seguro que nunca va a entrar, un día encesta y pierdes el partido. Mentiría si dijera que no se me ha escapado alguna lagrimita mientras recordaba viendo videos de sus retransmisiones en youtube.

montes

Su estilo de narrar los partidos siempre será recordado. Amado u odiado, yo mismo pasé de un sentimiento a otro en varias ocasiones, pero es indudable que su voz irá ligada inequívocamente a muchos de mis mejores recuerdos baloncestísticos. Ir los sábados por la mañana a jugar al patio del colegio durante horas y horas al basket con mis amigos era una retahíla de frases que habíamos escuchado en el partido del día anterior: jugón, crack, muchos wilma, ábreme la puerta, y ese clásico ¿por qué todos los jugones sonríen igual, Daimiel?

Eramos miembros de la Generación+, los que convencimos a nuestros padres para que compraran el Canal+ para ver los partidos de madrugada (entre otras cosas, ejem) Algunos como yo tenemos hermanos mayores que nos metieron en este mundo de levantarse martes, miércoles o domingos a las 3 o 4 de la mañana para ver un Bulls-Lakers en TVE-2 con Trecet y su ding dong cuando apenas teníamos 8 años. Pero Montes era nuestro. Conocíamos a los jugadores mejor que él gracias a Daimiel, seguíamos mejor las jugadas desde miles de kilómetros que él a pie de cancha… pero aún con todo, convirtió nuestra pasión por el basket, por la NBA, en una enfermedad incurable.

Tu recuerdo seguirá imborrable en nuestras memorias gracias a tus retransmisiones, desde las medallas de oro del mundial y el europeo de la selección hasta el partido más aburrido de los Clippers, conseguiste engancharnos aún más. Gracias por todo, Andrés, la vida pudo, puede y podrá ser maravillosa.

Paraguas

Viernes, 9 octubre 2009

Como todos los años, el otoño llega más o menos por la época de mi cumpleaños. Y no puedo decir que no me alegre. Se marcha el calor que impide dormir a gusto, se marcha el ‘hoy tampoco tengo nadie con quien ir a la playa‘, se acabó el no poder ponerse camisetas grises, rojas o verdes… No es que no me encante el verano, pero creo que todas las estaciones tienen su duración exacta, confiemos en que el cambio climático no nos revolucione demasiado.

paraguas

Llega la lluvia. Desde pequeño me ha gustado mojarme. Probablemente sea la eterna prohibición de mis padres de calarme la que creó tanta pasión. No les faltaba razón, porque de pequeño estaba más tiempo resfriado y en la cama enfermo que en la calle: era mojarme y pasarme una semanita de vacaciones. Crecí y me hice más water-resistant al más puro estilo Casio. Y ya por entonces descubrí a uno de mis enemigos favoritos, el paraguas.

Respeto a la gente que no le gusta mojarse, pero si por mi fuera haría desaparecer todos los paraguas del mundo y regalaría chubasqueros por doquier (ojo, chubasqueros de verdad, no bolsas de basura con tres agujeros para cabeza y brazos, que aparte de ser antiestéticas, crearme problemas en Port Aventura a mis tiernos 13 años y provocar ataques de risa en la Magdalena con el arte de algunos jubilados, no valen para nada) ¿Por qué la gente es tan inútil con los paraguas? Tengo tantas preguntas en mi cabeza…

¿Por qué la gente que lleva paraguas se mete siempre debajo de las repisas de los edificios? ¿Para no mojar el paraguas? ¿Por qué las personas de 1.50 llevan el paraguas a la altura justa para darme con él en la cabeza? ¿Por qué las personas de 1.60 llevan el paraguas a la altura justa para darme con él en la cabeza? ¿Por qué las personas de 1.70 llevan el paraguas a la altura justa para darme con él en la cabeza? ¿Cómo es posible que todos lo consigan? ¿Por qué encima te golpean con él y te miran con cara de ‘a ver si tienes más cuidado‘? ¿Por qué los abren al salir de portales sin mirar? ¿Por qué los cierran de golpe justo cuando pasas?

He dicho que me gusta mojarme, pero no me gusta que me mojen. Me gusta notar la lluvia cayendo por mi rostro poco a poco, calarme el pelo, pillarme una buena chupa, pero al ritmo de las nubes. No al ritmo de la gente sin carnet de manipulador de paraguas. Al menos en Santander tengo un aliado de mi parte: el viento en las bocacalles. Cada vez que veo la imagen de un paraguas destrozado en una papelera no puedo evitar sonreír a modo de victoria.

Lo que nunca imaginaba es que hubiera gente que se dedicara a reciclar los paraguas rotos. Así que ya sabéis, si queréis un chubasquero para vuestro perro (¿?)  hecho de paraguas rotos rescatados de la calle, o simplemente capuchas muy modernas, echad un vistazo por esta tienda.