Archivo de abril 2010

Desconocimiento histórico

Martes, 27 abril 2010

En una de esas conversaciones de viernes por la noche me lanzaron una pregunta que no debiera haber supuesto ningún problema responder: ¿cuales son las Siete Villas? Y es que, con cartel polémico mediante, Santoña forma parte de ellas desde hace siglos. Santoña, Argoños, Escalante… Noja, Bareyo… y me dejé Meruelo y Arnuero y poco más y meto a media Cantabria, o al menos a toda la comarca de Trasmiera.

Y es que a la hora de hablar de historia de Cantabria, más allá de los nombres de Laro y Corocotta, y la historia de este último cuando fue en persona a entregar su cabeza por la que habían puesto precio los romanos a un campamento durante las Guerras Cántabras, poco más sé. Y encima cuanto más se estudia sobre estos temas más se alejan de históricos para convertirse en mitos (al final, Corocotta, ni cántabro, ni héroe)

Estela cántabra

Sinceramente envidio a los jóvenes de esas llamadas comunidades históricas a los que al menos se les ha inculcado un conocimiento sobre su propia historia. Podríamos discutir sobre el uso de la misma de manera partidista, radical o alterada para manipular de una u otra manera (ya sabemos quién escribe la historia) pero al menos tienen una base de hechos verídicos que yo desconozco de mi región.

No es que no haya historia que contar -en el salón de mi casa hay un montón de libros sobre el tema- pero creo que en ningún momento se nos inculca un poco de sentimiento por “La Tierruca”. Y es que si nos paramos a pensar, toda esta historia no deja de ser la vida de nuestros antepasados. Mis padres son de Santoña, mis abuelos eran de Santoña, sus padres también. Y probablemente, si seguimos generaciones hacia atrás, serán muchas de nuestras familias las que fueron convirtiendo nuestra tierra en lo que conocemos ahora.

No sé cómo será la educación actualmente, pero en mis tiempos, a excepción de un curso en el colegio (¿5º de EGB? no me llega la memoria, sólo recuerdo el libro de sociedad con el bisonte de Altamira en la portada) ni se me enseñó, ni se me animó a conocer más sobre lo más cercano. De hecho sé mucho más del arte mesopotámico o de las herramientas que se usaban en el Paleolítico medio que de lo que pasó hace quinientos años donde estoy sentado ahora mismo.

Eso sí, merchandising para ganar dinero con la Estela de Barros que no falte.

5 cosas que echo de menos de Brno

Miércoles, 21 abril 2010

Está claro que en “casa” se vive muy bien, eso no lo voy a negar, pero ya hace más de siete meses que volví de mi larga estancia en Brno y hay cosas que echo de menos cada día un poco más. Aquí va un pequeño post de morriña brnense.

1. La cerveza. Es inevitablemente lo primero que se viene a la mente. Por sabor, por precio, por cultura… Conseguir que un calimochero de toda la vida se pase al mundo de la cerveza tiene mérito. Starobrno, Gambrinus, Pilsner Urquell, Budweiser, Kozel… ¡hasta la Radegast! Y eso por no hablar de las cervecerías que se pueden encontrar en cada rincón de la ciudad. Aún recuerdo dos o tres días antes de marcharme, en agosto, que Jakub me dijo… “pues no hemos ido en todo el año a la mejor cervecería de la ciudad”… Oír para creer.

2. El transporte urbano. En Santander voy a todos los sitios andando, por un lado porque todo está cerca, por el otro porque el transporte aquí (por mucho que quieran que nos movamos a nuestras anchas) es totalmente catastrófico. Mirar antes de salir de casa en una web a qué hora va a pasar el tranvía por tu parada y cuales son las conexiones -en tranvía y buses- para llegar a cualquier otro lado de la ciudad y que todo se cumpla con absoluta exactitud y puntualidad suena a ciencia ficción. Un transporte sin esperas, a precio de risa en comparación y al que además hay que sumarle un transporte nocturno más eficiente aún. Příští zastávka…

Calle Ceska en Brno

3. El hockey. Siempre me gustó el hockey sobre hielo, pero poder verlo en vivo fue lo que necesitaba para acabar de confirmar esta extraña pasión. No es lo mismo seguir al Kometa desde la distancia, y menos después del desastre de temporada que hicieron, con un inicio horrendo. Al menos remontaron al final y se mantuvieron tranquilamente en Extraliga. Es una pena que sólo pueda usar la camiseta del equipo para andar por casa, echo de menos ir a juntarme con 7200 locos más, beber cerveza, comerme un párek v rohliku y ver sus caras de extrañeza al oír cómo me desesperaba en otro idioma.

4. Descubrir nueva gente / nuevos lugares. Cuando sales de tu entorno habitual no te queda más remedio -y soy consciente de que no es lo mismo estar de Erasmus que estar viviendo allí, aunque julio y agosto no fueron unos meses muy erasmusianos- que conocer gente, curiosa, peculiar, de lugares tan distintos, con mentalidades tan diferentes a las tuyas. Todo es nuevo, la gente, las posibilidades de conocer nuevos pequeños rincones en los que almacenar recuerdos, historias… Por supuesto que algún día acabaría llegando la monotonía, pero después de 18 años en Santoña y 8 en Santander, tengo cuerda de sobra para no aburrirme, y una ciudad medianamente grande como Brno esconde muchas posibilidades para explorar si uno se mueve.

5. Su conexión con Europa. Y por si se queda pronto pequeña, las variantes que manejas a la hora de planear una escapada desde allí son simplemente inmejorables. Hora y media a Bratislava, dos horas a Viena, dos horas y media a Praga… Cracovia, Budapest, Dresden en un radio de cinco horas… Los autobuses de Student Agency, que merecerían un punto aparte en el mensaje, los trenes modernos y los que asustan de viejos… y aviones de Ryanair bien cerca que vuelan a media Europa. Viajar es casi obligado si te lo puedes permitir estando allí. Aquí tardo seis horas a Madrid y nueve horas a Barcelona o Santiago. Las comparaciones son odiosas.

¿Tienes un amigo menos?

Martes, 13 abril 2010

No. Si te encuentro por la calle te seguiré saludando, nos pararemos y comentaremos qué es de nuestras vidas, el manido “¿qué haces ahora? ¿dónde andas?” Si un día viajo a tu ciudad y me apetece verte, o necesito que me eches una mano para encontrar algo, te escribiré al email y esperaré respuesta, de igual manera que yo responderé amablemente al que me escriba, porque sí, somos amigos, o conocidos, o como lo quieras llamar.

Esto viene a cuento de que hoy tengo el día de hacer limpieza en el omnipresente Facebook. Y aunque no tenga que justificarme, sí llevaba tiempo queriendo hacer algunas reflexiones sobre el concepto de la amistad en esto de las redes sociales.

Amigos

Algunos pensarán “¡pero si me añadiste tú y ahora me borras!”, otros pensarán “qué tío raro, yo a él no lo hubiera borrado” y mil cosas más. Imagino que como todo en ésta vida, cuando llevas dentro de algo un tiempo considerable uno pasa por distintas etapas y no ve las cosas de la misma manera. Cuando comencé a usar el Facebook aún estaba muy lejos de tener el boom que tiene ahora, al menos en España. Ni siquiera recuerdo qué amistades tenía, pero no eran más que cuatro o cinco. No tenía utilidad para mí, entraba de Pascuas a Ramos y ahí estaba.

Después llegó la locura. Me fui a Brno y descubrí el mundo de posibilidades que tenía la página de marras: desde aprenderte los nombres de los doscientos nuevos amigos que hacías, a quedar para los “eventos” (o sea, fiestas, fiestas y viajes que terminaban en fiestas) a coleccionar las fotos sin tener que ir habitación por habitación pidiendo que te las grabasen en un usb… Era realmente útil, y divertido. Lástima que la vida de erasmus termina y con ello la locura. Lo bueno de una experiencia como ésta es que conoces a multitud de gente. Pero a veces pasa como con los amigos de clase del colegio… son tus amigos porque son los que te han tocado, no los que tú eliges. Entonces, una vez sales del entorno común, te das cuenta que no tienes nada en común con cierta gente, que no hay conversación, que no hay interés mutuo… y, sinceramente, mantener las apariencias por mantenerlas -o por aparentar, o por cotillear- me parece tontería. Y no lo digo sólo por gente del año pasado, ni del colegio, sino que quiero trasladarlo a todas las situaciones donde conoces gente. Y no es una tragedia, a todos nos pasa. Y si llega el día en que esa persona necesite algo, si está en mi mano, ahí estaremos.

Releyendo el último párrafo parece que hemos convertido el Facebook y la amistad en algo demasiado público e importante. ¿Es esto peligroso? ¿Qué necesidad hay de etiquetar y categorizar todas nuestras relaciones personales? ¿A dónde vamos a parar? Por eso he decidido quedarme con menos gente, con la que aporta, con la que interactúo más… Mucha otra directamente hace meses que ni entra en su propio Facebook, con otros hablo por otros medios y a otros me basta con seguirlos en twitter. ¿Me pasa algo doctor por no querer tener 400 amigos y preferir quedarme con 100?

Al final no nos importa que nuestros datos los tengan todas las grandes corporaciones para hacer con ellos lo que quieran, pero preferimos que no anden manejándolos gente que conocemos… pero no tanto… Es curioso.