Archivo para la categoría ‘Lugares’

Tomando algo por Santander

Jueves, 19 enero 2012

Desde hace ya unos cuantos años no soy precisamente un fan de la capital cántabra, lo que no quita para que haya mil cosas que me unan a ella y que prácticamente cada semana pase por allí. Después de muchos años de época universitaria y las transformaciones que han sufrido las zonas de marcha (algunas para mejor, como el Río, otras con sus picos buenos y malos, como la calle del Carmen) no tengo apenas dudas de la vida nocturna, pero estoy seguro que a otras horas del día me pierdo un montón de sitios buenos en los que tomar un café, una caña a media tarde o comer unas raciones de patatas, unos pinchos o algo distinto a menús del día con cocido montañés de primero.

Potato & Co.

Mi indecisión a la hora de elegir donde entrar es conocida, y las excusas de “demasiada gente”, “demasiada poca gente”, “no sé yo si aquí servirán a estas horas” o “tiene pinta de caro/pijo/ambos” seguro que me cierran puertas de sitios más que decentes. Y como dicen los gurús y los estudios que uno se fía mucho más de la opinión de un amigo que de lo que lee en cualquier guía por ahí, lanzo la pregunta… ¿qué sitios recomendáis en Santander para tomar un café y un pincho a media mañana? ¿y para tomar un café o una caña a las cinco o seis de la tarde con un amigo? ¿y para comer algo sin necesidad de sentarse a comer dos platos y postre a mantel puesto?

Prometo hacer una pequeña guía con vuestras aportaciones ya sea por aquí, por Facebook, por Twitter, por Google+ ¡o por donde sea!

Lista de futuros viajes imaginarios

Miércoles, 11 enero 2012

La vida del emprendedor es muy dura (nah) y un poco esclava (eso sí). Principalmente porque como no todos tenemos un Zuckerberg, un Mullenweg o un Daniel Ek dentro, claro, la pasta escasea y hay que trabajar un montón para ir sobreviviendo en los primeros compases de la aventura. Hoy después de organizar todas las facturas del 2011, calcular el palo de IVA que tendré que pagar en un par de semanas, sumado a los honorarios de la chica que se va a encargar de que no meta la pata con tanto papeleo y una tarde (más) de bloqueo diseñador, junto a una interminable lista de cosas que hacer mañana en Santander antes de coger un autobús de madrugada rumbo a Galicia… necesito desconectar un poco para poder dormir en un rato.

Y qué mejor que salir de este cuerpo a sobrevolar el mundo y plantarme en esas ciudades que esperan mi (nuestra) visita para alegrarme un poco la existencia. En España hay un viaje pendiente a Madrid a conocer mejor la ciudad, otro a tierras catalanas a dividir entre Calafell, Badalona y Barcelona… y espero algún día ir al sur. La gente sigue riéndose cuando digo que lo más al sur que he ido en la Península es a Madrid, pero qué le voy a hacer…

Mapa del mundo

Pero más allá de estos viajes de “corta distancia” -cualquiera lo es comparado con el Alsa a Pontevedra…- me apetece mucho volver a salir de este país y recorrer medio mundo. Quiero volver a Londres y perderme semanas por allí, incluso hacer un viaje hasta Cornwall de nuevo y ver cómo ha cambiado aquello en ¡15 años! Quiero cumplir mi palabra y coger un vuelo rumbo a Estocolmo a ver a Vicen y conocer a Nattis para que se crea que nuestra relación es así como es porque sí, porque lo es y punto. Y ya que estamos por allí recorrer todo el Báltico o tirar para el Círculo Polar para que Mónica vea nieve hasta hartarse (mucho más que en Brno)

Quiero volver a Chequia, por supuesto, a practicar mis oxidadas cuatro frases, y de paso dar un paseo hasta Budapest o hasta Cracovia. Y bajar a Croacia y terminar recorriendo Italia de norte a sur. Sí, aún no he estado en Italia, y no será porque no he tenido excusas ni opciones prácticamente cada año de los últimos diez o doce. Y terminar Europa pasando por París antes de volver a casa.

Tampoco me importaría cruzar el charco y pasearme por Nueva York, Boston o las ciudades de Canadá y más tarde marchar hasta San Francisco, para poder vivir durante unos días en un mundo donde nadie me preguntaría por qué estoy usando el móvil a todas horas… Y ya que estamos en la costa del Pacífico, habría que dar un salto final hasta Japón, ¿no creéis?

Aún me dejo algunas otras muchas experiencias soñadas y fascinantes, pero es suficiente por ahora. Ojalá algún día todo haya ido tan bien que hayamos podido permitirnos hacer al menos unos cuantos de estos viajes. Será una buena señal. O eso, o que nos está buscando la policía por algo que, por supuesto, contaré en este blog.

Foto: nunorodrigues.net

Al otro lado de la bahía de Santoña

Miércoles, 4 enero 2012

Cualquiera que me conozca un poco sabe que viajar y comer bien son dos cosas a las que raramente hago ascos. No es que tenga un paladar excesivamente fino, que unas buenas patatas ali-oli y unas croquetas suelen ser suficientes para tener contento a mi estómago, y no siempre hace falta viajar al fin del mundo (en horas, Galicia no anda lejos de ahí) para encontrar sitios agradables. Juntando estos dos placeres y sin necesidad de recorrer mucho camino, no hace ni dos meses aparqué mi orgullo de santoñés para ir a conocer a Laredo un restaurante del que todo el mundo me había hablado bien: La Marina Company.

Sabiendo de mi indecisión a la hora de elegir un sitio donde entrar a comer, siempre es un alivio poder ir a piñón fijo, y más aún cuando te vas a encontrar una cara amable y conocida como la de Marc allí. Y no sólo allí. Ya antes, el poder reservar mesa con un simple mensaje vía Twitter, y el poder ver el menú del día en su blog desde casa para no encontrarte sorpresas y poder ir decidiendo lo que vas a tomar, es algo que hace que el local sume muchos puntos desde la distancia.

Comiendo en La Marina Company

Ya en tierras… pejinas, las expectativas de La Marina Company se cumplen con creces: comida buena con magnífica presentación, platos muy elaborados en el menú del día y un precio muy acorde a los tiempos que corren (12 euros un entrante a elegir entre cuatro, un segundo a elegir entre tres carnes y tres pescados, postre, pan y bebida) No se puede pedir más, por mi parte se lo recomiendo a cualquiera ya sea por Internet o por la calle.

Por si fuera poco, aproveché mi última visita para conocer también el pueblo con mejores vistas del mundo, porque aunque esté ahí al lado, es un gran desconocido para mí. Y aunque no hay color con nuestra península, también es de justicia decir que Laredo tiene sus zonas bonitas y cuidadas, las casas e iglesias de la Puebla Vieja, el paseo a lo largo de la playa de la Salvé o el curioso Túnel de la Atalaya. Toda una experiencia.