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Compartir espacios de trabajo: una realidad enriquecedora

Lunes, 28 marzo 2011

Para los que esperabais una pequeña crónica del viaje de hace un mes a Bruselas aquí está. Y los que no sabéis de qué va esto, sólo decir que últimamente el espíritu emprendedor me está llevando a lugares geniales y a conocer gente muy interesante. Gracias al programa Yuzz (de la Fundación Banesto y la Dirección General de Juventud de Cantabria… ¿lo he dicho bien @juanpt? ;P) tuve la oportunidad de embarcarme en esta aventura.

El Meet Up Bruselas comenzó como un viaje de 50 cántabros con una base común de emprendimiento y ganas de aprender e innovar, y acabó convirtiéndose en la reunión de un montón de amigos con ilusión por coordinar esfuerzos, trabajos e ideas por el bien de todos.

Desde la primera noche comprendimos que sólo el hecho de juntarnos ya iba a ser algo enriquecedor y una experiencia única. Decenas de conversaciones empapadas en alguna de las cervezas de la carta de más de 2000 distintas del Delirium Tremens, intercambios de tarjetas profesionales y un interminable carrusel de nombres y profesiones (futuras algunas) fueron nuestra primera toma de contacto.

Conocimos una fantástica ciudad de día y de noche, y visitamos las instituciones europeas más importantes: el Parlamento y la Comisión. Desde ahí se deciden prácticamente todas las políticas referentes al empleo y a los jóvenes emprendedores que luego se aplican en cada uno de los países de la UE. Aprendimos, de golpe y porrazo, que Europa no está tan lejos de nosotros como tendemos a pensar.

Los #meetupbru en The Hub Brussels

Sin duda lo que marcó un antes y un después en nuestras activas mentes de  emprendedores fue la visita a The Hub Brussels. Con los ojos bien abiertos para no perdernos ni uno de los infinitos detalles de esa inmensa nave destinada al coworking, descubrimos un mundo repleto de posibilidades. No sólo era la llamativa decoración en techo y paredes, ni las mesas con los belgas y sus ordenadores, ni los sillones, las zonas de reuniones y las de relax, la cocina, la pantalla con nuestros tuits… era el concepto.

El método de coworking consiste en juntar entre las mismas paredes a emprendedores, trabajadores por cuenta propia y pequeños empresarios para compartir un espacio de creación y colaborar entre todos, ya sea profesionalmente o para evitar el aislamiento del trabajador individual. Gracias a esta filosofía y por un precio asumible se ofrece acceso a un local con tu espacio para trabajar, conexión a internet, teléfono, sala de reuniones. En definitiva, una puerta abierta para contactar con muchos otros como tú.

Si faltaba alguien por convencer de la conveniencia de este sistema, al día siguiente conocimos el Betagroup Coworking Space, un espacio similar en concepto pero muy diferente a la vez. Bajo un aspecto más profesional y orientado a trabajadores del mundo internet y tecnológico, nos explicaron las ventajas de contar con una “sede” de esa tipología tanto a nivel individual como de cara al exterior. Así como The Hub derrochaba originalidad y el espíritu artístico característico de algunos emprendedores de la escena creativa, en el Betagroup se notaba la base más “techie” de sus miembros.

Después de conocer estos dos centros, no dejaron de brotar ideas, ideas y más ideas entre la familia del Meet Up Bruselas, y la pregunta que todos respondimos fácilmente: ¿y por qué no hacer algo así nosotros en Cantabria? A veces uno no cree en las cosas hasta que no ha visto que a otros ya les ha funcionado. Y lo teníamos delante de nuestros ojos.

Además, al inicio de esta aventura muchos pensábamos que estábamos solos con nuestros problemas a la hora de emprender negocios y resultó que nos juntamos decenas de personas con las mismas incertidumbres. Si nos unimos, aparte de participar en provechosas charlas, podemos colaborar, sacar nuevas ideas y tener una voz más potente para hacernos oír. Creo que en el Meet Up se gestó el inicio de algo grande y bonito para el futuro de los espacios de coworking en Cantabria. Ojalá.

Mercadillos

Lunes, 23 marzo 2009

Llego de Budapest, ciudad increíble, llena de lugares maravillosos y que realmente me ha sorprendido, y lo primero que me apetece hablar es del mercadillo de Ecseri. De los mercadillos en general, y del por qué me encantan.

Mercadillo de Ecseri

Situado lejos de lo que las guías llaman ‘avenida cultural‘ del centro de Budapest, encontramos el mercado de segunda mano de la calle Nagyokrös -tras viajar en metro, tranvía y autobús hasta encontrarlo- el cual mantiene toda su autenticidad a pesar de que los turistas se van dejando caer en buen número -gracias precisamente a esas guías que lo venden igual que las maravillas arquitectónicas a orillas del Danubio-.

Cuadros, cámaras de fotos, osos de peluche, relojes con dibujos eróticos, matrículas, libros, muebles e incluso insignias y ropas nazis así como un puesto totalmente dedicado a Lenin, son algunas de las pequeñas cosas que pudimos encontrar allí. Pero había miles de pequeñas cosas que hacen de estos sitios rincones llenos de anécdotas (las fotos en la tienda de sombreros retro dan mucho juego)

Y es precisamente por esto por lo que me encanta ir a este tipo de mercadillos. Por eso en Londres nos tiramos dos días enteros recorriendo mapa en mano desde Camden a Portobello, pasando por Spitafields o Bricklane. Y por eso se que el día que paseemos por el Gran Bazar de Estambul seré tan feliz. Porque en cada puesto, en cada esquina, en cada viejete que te intenta vender parte de su vida, o cada coleccionista que decide deshacerse de parte de sus tesoros, hay un montón de historia que te hace recordar esos instantes para siempre.

Se que volveré a Budapest y visitaré el resto de lugares que me he dejado atrás en estos dos intensos días allí, pero un mercadillo callejero es un mercadillo callejero.

Un espectáculo bien hilado

Domingo, 8 marzo 2009

Pese a que sé que éste es un tema que le pega mucho más a la imaginación y ganas de profundizar en las cosas de Blanca (y que seguro pronto trata en su nuevo blog) no quería pasar por alto otro pequeño rincón que encontramos en el viaje por centroeuropa: el museo de marionetas dentro del castillo de Hohensalzburg.

Marionetas en Salzburgo

Y es que la ciudad de Salzburgo es famosa por su teatro de marionetas, uno de los más longevos aún en actividad -desde 1913- que fue creado y dirigido durante mucho tiempo por Anton Aicher, el hombre que flota en el ambiente del pequeño museo que encontramos en lo profundo de un castillo situado en lo más alto.

Las complicadas y fascinantes óperas que se representan actualmente (hasta 13 títulos distintos) en el teatro de la ciudad se podían ver en imágenes grabadas mientras contemplabas las marionetas cuidadosamente labradas a lo largo de casi cien años o probabas la dificultad de manejar cabeza, brazos y piernas de una simple marioneta con seis hilos… La atmósfera que creó Aicher te hace pensar en lo complicado y mágico que puede llegar a ser este mundo de marionetas… puro arte.

¿El mejor chocolate del mundo?

Martes, 3 marzo 2009

Cualquiera que se precie en conocerme un poco sabrá que soy un chocolatero de primera. Puede que no sea un gran paladeador, pues soy de los que piensa que no hay por qué elegir entre calidad y cantidad: cuanto más y más rico sea, mejor. Por eso devoro tabletas de chocolate, galletas, bombones, tartas y helados con chocolate como si bebiera agua (también bebo mucha sí)

Chocolate en Cesky Krumlov

De las mil anécdotas que ha dejado el viaje con Blanca por centroeuropa, tengo que empezar por la más deliciosa… probablemente el mejor chocolate que haya probado en mi vida. Una pequeña tienda en el centro histórico de un pequeño y encantador pueblo al sur de Bohemia, Cesky Krumlóv, llamada Bon Bon (o algo parecido creo recordar, cerca del Lazebnicky Most) nos obsequió con un pequeño vasito de sabor a gloria.

Al principio nos quedamos un poco extrañados por la poca cantidad que llenaba el vaso a cambio de 45 coronas checas, pero después supimos que era más que suficiente para recordar ese vasito el resto de nuestras vidas. Qué delicia! Imaginad el sabor del chocolate más rico, sin empalagar pero sin ser muy líquido, un chocolate que te llena la boca y se cuela en cada rincón de tu lengua, tus labios… produciendo un estallido de dulce chocolate continuo…

Me quedo con las ganas de volver allí y probar los bombones que llenaban las vitrinas de la tienda, pero se que algún día lo haré, quizá sea la mejor manera de gastar todas las monedas checas que me sobren antes de marcharme de este país algún día…