Entradas marcadas como ‘cantabria’

Timelapses y recuerdos

Viernes, 6 enero 2012

Siempre me ha gustado el mundo de la fotografía aunque nunca he tenido ni paciencia ni presupuesto (sobre todo lo primero, que es fundamental al empezar) para dedicarme a ello un poco más y no perderme en conversaciones sobre objetivos, distancias focales, diferentes técnicas y conceptos varios. Lo reconozco, soy uno de esos que encuadra más o menos, tira una foto con el móvil, aplica filtro vintage y mira tú qué maravilla, qué profesionalismo. Y aunque esto no quita para que sea más que suficiente para tener alguna que otra foto más bonita y darme por contento, admiro a los profesionales de verdad, que imagino que vean todo este fenómeno Instagram como yo veo a los primos/cuñados que saben hacer páginas web.

Por eso me gusta a veces pasearme por Vimeo y encontrar pequeñas obras de arte que merece la pena ser compartidas. Hoy elijo tres timelapses, de tres lugares que son especiales para mí. El primero Cantabria, por motivos más que obvios, y que aunque tenga muchas ganas de emigrar, siempre va a ser mi tierruca. El segundo, Brno, por ser la ciudad que me dio muchas oportunidades, me cambió la forma de pensar y de vivir y me convirtió en lo que soy ahora. Y el tercero, de Londres, porque aunque hace muchos años que ya no te piso y apenas te recuerdo, sé que en el futuro no muy lejano (¿después de las Olimpiadas?) me depararás grandes instantos. Hay que seguir uniendo puntos en los mapas. Disfrutad los vídeos.

Los latidos de la costa 1ª parte from Chapi on Vimeo.

BRNO HDR from samadhi production on Vimeo.

Timeless – London Timelapse from MB Films on Vimeo.

Tarjetas sin contacto: los sinsentidos del transporte en Cantabria

Lunes, 11 julio 2011

Soy fan del transporte público. En mi casa nunca hubo coche y las (muchas) veces que tuve que ir de pequeño a Santander fueron en autobús. A la playa de Berria directamente íbamos andando, que no está tan lejos. Después he vivido en Brno, donde cualquier movimiento a lo largo y ancho de la ciudad se hace en tranvía, trolebús o autobús, sin casi esperas a cualquier hora… Y así, de vuelta a Cantabria, mientras echo de menos los autobuses de Student Agency y el saber con increíble exactitud a qué hora voy a salir de casa, llegar a la parada, coger un bus, hacer un transbordo, otro, otro y clavar la hora de llegada, me encuentro ante las modernidades del transporte regional: las tarjetas sin contacto.

La idea inicialmente es buena, una tarjeta para poder pagar en todos los transportes de Cantabria: líneas de autobús, trenes de Feve y Renfe regionales e incluso en las lanchas de Los Reginas que cruzan la bahía de Santander. Se evitan las largas colas al pagar al chófer del bus y no tienes que preocuparte de llevar dinero cambiado. La realidad, al final, es caótica.

Tarjetas sin contacto

Una vez que compras la tarjeta sin contacto, lo que posees son tres tarjetas monedero en una, que tienes que ir recargando según la compañía del servicio que quieras tomar. Es decir, para viajar de Santoña a Santander tengo que recargar el monedero de Alsa, pero si un día me viene mejor el horario del autobús de Palomera, tendré que hacerme un nuevo monedero y recargar ese. Y si un día quisiera pagar con mi tarjeta el Feve hasta Valle Real, tendría que abrir una tercera cartera virtual y meter dinero ahí. Imagino que si quisiera ya rizar el rizo y ¡oh! viajar hasta Pedreña en barca, tendría que cerrar uno de los tres monederos y abrir otro…

¿Cual es la ventaja de esto? Precios algo reducidos en los billetes. ¿Merece la pena? No lo tengo tan claro. Al tener que recargar números redondos en cada monedero, al final lo que acabas acumulando es un montón de euros que quedan como remanente en cada compañía (dinero que ellos ya han ganado y tú no puedes usar porque no llega para un viaje completo). Por otro lado, llevar un control del dinero que tienes en la tarjeta me parece bastante complicado a no ser que lleves una libreta en la que cada vez que saques un billete puedas anotar el saldo restante (sólo lo puedes comprobar en el autobús al hacer la compra) Si yo simplemente con la cuenta para Alsa ya he ido a pagar dos veces y no tenía suficiente, no quiero imaginarme si tuviera que llevar calculado lo de tres compañías distintas…

Yo pregunto, ¿no tendría más sentido que todo el dinero valiera para todos los transportes y tener realmente una tarjeta unificada? ¿No puede ir todo el dinero a una cuenta común y que cada compañía coja lo correspondiente según los tickets que haya vendido? ¿Dónde está el problema que se me escapa? Todos querrán sus comisiones imagino…

Y otra cuestión, ¿si las tarjetas no son personales ni tienen ninguna identificación, por qué no puedo pagar dos billetes con la misma tarjeta? Es como tener un bonobús de los antiguos y que no me dejaran ticarlo dos veces. “No se puede, son las normas” o “si viene un inspector y ve dos billetes con la misma tarjeta a mí se me cae el pelo” son respuestas que he obtenido de conductores a los que les preguntaba cuál era el problema de pasar mi tarjeta para comprar dos billetes o simplemente pasarle mi tarjeta a mi acompañante y que pagara con ella el suyo…

Al menos en el transporte urbano de Santander sí que se pueden pagar varios billetes o incluso hacer transbordos con su propia tarjeta sin contacto. Eso sí, el subir dos céntimos el viaje de 0,60 a 0,62 ha provocado igualmente el problema del dinero que se queda en la tarjeta sin poder usar… Cuando salió la misma y el mínimo de recarga eran 6 euros todo iba bien, era como tener un bono de diez viajes. Ahora con esa recarga mínima tienes para 9,67 viajes… otro despropósito.

Compartir espacios de trabajo: una realidad enriquecedora

Lunes, 28 marzo 2011

Para los que esperabais una pequeña crónica del viaje de hace un mes a Bruselas aquí está. Y los que no sabéis de qué va esto, sólo decir que últimamente el espíritu emprendedor me está llevando a lugares geniales y a conocer gente muy interesante. Gracias al programa Yuzz (de la Fundación Banesto y la Dirección General de Juventud de Cantabria… ¿lo he dicho bien @juanpt? ;P) tuve la oportunidad de embarcarme en esta aventura.

El Meet Up Bruselas comenzó como un viaje de 50 cántabros con una base común de emprendimiento y ganas de aprender e innovar, y acabó convirtiéndose en la reunión de un montón de amigos con ilusión por coordinar esfuerzos, trabajos e ideas por el bien de todos.

Desde la primera noche comprendimos que sólo el hecho de juntarnos ya iba a ser algo enriquecedor y una experiencia única. Decenas de conversaciones empapadas en alguna de las cervezas de la carta de más de 2000 distintas del Delirium Tremens, intercambios de tarjetas profesionales y un interminable carrusel de nombres y profesiones (futuras algunas) fueron nuestra primera toma de contacto.

Conocimos una fantástica ciudad de día y de noche, y visitamos las instituciones europeas más importantes: el Parlamento y la Comisión. Desde ahí se deciden prácticamente todas las políticas referentes al empleo y a los jóvenes emprendedores que luego se aplican en cada uno de los países de la UE. Aprendimos, de golpe y porrazo, que Europa no está tan lejos de nosotros como tendemos a pensar.

Los #meetupbru en The Hub Brussels

Sin duda lo que marcó un antes y un después en nuestras activas mentes de  emprendedores fue la visita a The Hub Brussels. Con los ojos bien abiertos para no perdernos ni uno de los infinitos detalles de esa inmensa nave destinada al coworking, descubrimos un mundo repleto de posibilidades. No sólo era la llamativa decoración en techo y paredes, ni las mesas con los belgas y sus ordenadores, ni los sillones, las zonas de reuniones y las de relax, la cocina, la pantalla con nuestros tuits… era el concepto.

El método de coworking consiste en juntar entre las mismas paredes a emprendedores, trabajadores por cuenta propia y pequeños empresarios para compartir un espacio de creación y colaborar entre todos, ya sea profesionalmente o para evitar el aislamiento del trabajador individual. Gracias a esta filosofía y por un precio asumible se ofrece acceso a un local con tu espacio para trabajar, conexión a internet, teléfono, sala de reuniones. En definitiva, una puerta abierta para contactar con muchos otros como tú.

Si faltaba alguien por convencer de la conveniencia de este sistema, al día siguiente conocimos el Betagroup Coworking Space, un espacio similar en concepto pero muy diferente a la vez. Bajo un aspecto más profesional y orientado a trabajadores del mundo internet y tecnológico, nos explicaron las ventajas de contar con una “sede” de esa tipología tanto a nivel individual como de cara al exterior. Así como The Hub derrochaba originalidad y el espíritu artístico característico de algunos emprendedores de la escena creativa, en el Betagroup se notaba la base más “techie” de sus miembros.

Después de conocer estos dos centros, no dejaron de brotar ideas, ideas y más ideas entre la familia del Meet Up Bruselas, y la pregunta que todos respondimos fácilmente: ¿y por qué no hacer algo así nosotros en Cantabria? A veces uno no cree en las cosas hasta que no ha visto que a otros ya les ha funcionado. Y lo teníamos delante de nuestros ojos.

Además, al inicio de esta aventura muchos pensábamos que estábamos solos con nuestros problemas a la hora de emprender negocios y resultó que nos juntamos decenas de personas con las mismas incertidumbres. Si nos unimos, aparte de participar en provechosas charlas, podemos colaborar, sacar nuevas ideas y tener una voz más potente para hacernos oír. Creo que en el Meet Up se gestó el inicio de algo grande y bonito para el futuro de los espacios de coworking en Cantabria. Ojalá.

Desconocimiento histórico

Martes, 27 abril 2010

En una de esas conversaciones de viernes por la noche me lanzaron una pregunta que no debiera haber supuesto ningún problema responder: ¿cuales son las Siete Villas? Y es que, con cartel polémico mediante, Santoña forma parte de ellas desde hace siglos. Santoña, Argoños, Escalante… Noja, Bareyo… y me dejé Meruelo y Arnuero y poco más y meto a media Cantabria, o al menos a toda la comarca de Trasmiera.

Y es que a la hora de hablar de historia de Cantabria, más allá de los nombres de Laro y Corocotta, y la historia de este último cuando fue en persona a entregar su cabeza por la que habían puesto precio los romanos a un campamento durante las Guerras Cántabras, poco más sé. Y encima cuanto más se estudia sobre estos temas más se alejan de históricos para convertirse en mitos (al final, Corocotta, ni cántabro, ni héroe)

Estela cántabra

Sinceramente envidio a los jóvenes de esas llamadas comunidades históricas a los que al menos se les ha inculcado un conocimiento sobre su propia historia. Podríamos discutir sobre el uso de la misma de manera partidista, radical o alterada para manipular de una u otra manera (ya sabemos quién escribe la historia) pero al menos tienen una base de hechos verídicos que yo desconozco de mi región.

No es que no haya historia que contar -en el salón de mi casa hay un montón de libros sobre el tema- pero creo que en ningún momento se nos inculca un poco de sentimiento por “La Tierruca”. Y es que si nos paramos a pensar, toda esta historia no deja de ser la vida de nuestros antepasados. Mis padres son de Santoña, mis abuelos eran de Santoña, sus padres también. Y probablemente, si seguimos generaciones hacia atrás, serán muchas de nuestras familias las que fueron convirtiendo nuestra tierra en lo que conocemos ahora.

No sé cómo será la educación actualmente, pero en mis tiempos, a excepción de un curso en el colegio (¿5º de EGB? no me llega la memoria, sólo recuerdo el libro de sociedad con el bisonte de Altamira en la portada) ni se me enseñó, ni se me animó a conocer más sobre lo más cercano. De hecho sé mucho más del arte mesopotámico o de las herramientas que se usaban en el Paleolítico medio que de lo que pasó hace quinientos años donde estoy sentado ahora mismo.

Eso sí, merchandising para ganar dinero con la Estela de Barros que no falte.