5 cosas que echo de menos de Brno
Miércoles, 21 abril 2010Está claro que en “casa” se vive muy bien, eso no lo voy a negar, pero ya hace más de siete meses que volví de mi larga estancia en Brno y hay cosas que echo de menos cada día un poco más. Aquí va un pequeño post de morriña brnense.
1. La cerveza. Es inevitablemente lo primero que se viene a la mente. Por sabor, por precio, por cultura… Conseguir que un calimochero de toda la vida se pase al mundo de la cerveza tiene mérito. Starobrno, Gambrinus, Pilsner Urquell, Budweiser, Kozel… ¡hasta la Radegast! Y eso por no hablar de las cervecerías que se pueden encontrar en cada rincón de la ciudad. Aún recuerdo dos o tres días antes de marcharme, en agosto, que Jakub me dijo… “pues no hemos ido en todo el año a la mejor cervecería de la ciudad”… Oír para creer.
2. El transporte urbano. En Santander voy a todos los sitios andando, por un lado porque todo está cerca, por el otro porque el transporte aquí (por mucho que quieran que nos movamos a nuestras anchas) es totalmente catastrófico. Mirar antes de salir de casa en una web a qué hora va a pasar el tranvía por tu parada y cuales son las conexiones -en tranvía y buses- para llegar a cualquier otro lado de la ciudad y que todo se cumpla con absoluta exactitud y puntualidad suena a ciencia ficción. Un transporte sin esperas, a precio de risa en comparación y al que además hay que sumarle un transporte nocturno más eficiente aún. Příští zastávka…

3. El hockey. Siempre me gustó el hockey sobre hielo, pero poder verlo en vivo fue lo que necesitaba para acabar de confirmar esta extraña pasión. No es lo mismo seguir al Kometa desde la distancia, y menos después del desastre de temporada que hicieron, con un inicio horrendo. Al menos remontaron al final y se mantuvieron tranquilamente en Extraliga. Es una pena que sólo pueda usar la camiseta del equipo para andar por casa, echo de menos ir a juntarme con 7200 locos más, beber cerveza, comerme un párek v rohliku y ver sus caras de extrañeza al oír cómo me desesperaba en otro idioma.
4. Descubrir nueva gente / nuevos lugares. Cuando sales de tu entorno habitual no te queda más remedio -y soy consciente de que no es lo mismo estar de Erasmus que estar viviendo allí, aunque julio y agosto no fueron unos meses muy erasmusianos- que conocer gente, curiosa, peculiar, de lugares tan distintos, con mentalidades tan diferentes a las tuyas. Todo es nuevo, la gente, las posibilidades de conocer nuevos pequeños rincones en los que almacenar recuerdos, historias… Por supuesto que algún día acabaría llegando la monotonía, pero después de 18 años en Santoña y 8 en Santander, tengo cuerda de sobra para no aburrirme, y una ciudad medianamente grande como Brno esconde muchas posibilidades para explorar si uno se mueve.
5. Su conexión con Europa. Y por si se queda pronto pequeña, las variantes que manejas a la hora de planear una escapada desde allí son simplemente inmejorables. Hora y media a Bratislava, dos horas a Viena, dos horas y media a Praga… Cracovia, Budapest, Dresden en un radio de cinco horas… Los autobuses de Student Agency, que merecerían un punto aparte en el mensaje, los trenes modernos y los que asustan de viejos… y aviones de Ryanair bien cerca que vuelan a media Europa. Viajar es casi obligado si te lo puedes permitir estando allí. Aquí tardo seis horas a Madrid y nueve horas a Barcelona o Santiago. Las comparaciones son odiosas.

