Tarjetas sin contacto: los sinsentidos del transporte en Cantabria
Lunes, 11 julio 2011Soy fan del transporte público. En mi casa nunca hubo coche y las (muchas) veces que tuve que ir de pequeño a Santander fueron en autobús. A la playa de Berria directamente íbamos andando, que no está tan lejos. Después he vivido en Brno, donde cualquier movimiento a lo largo y ancho de la ciudad se hace en tranvía, trolebús o autobús, sin casi esperas a cualquier hora… Y así, de vuelta a Cantabria, mientras echo de menos los autobuses de Student Agency y el saber con increíble exactitud a qué hora voy a salir de casa, llegar a la parada, coger un bus, hacer un transbordo, otro, otro y clavar la hora de llegada, me encuentro ante las modernidades del transporte regional: las tarjetas sin contacto.
La idea inicialmente es buena, una tarjeta para poder pagar en todos los transportes de Cantabria: líneas de autobús, trenes de Feve y Renfe regionales e incluso en las lanchas de Los Reginas que cruzan la bahía de Santander. Se evitan las largas colas al pagar al chófer del bus y no tienes que preocuparte de llevar dinero cambiado. La realidad, al final, es caótica.

Una vez que compras la tarjeta sin contacto, lo que posees son tres tarjetas monedero en una, que tienes que ir recargando según la compañía del servicio que quieras tomar. Es decir, para viajar de Santoña a Santander tengo que recargar el monedero de Alsa, pero si un día me viene mejor el horario del autobús de Palomera, tendré que hacerme un nuevo monedero y recargar ese. Y si un día quisiera pagar con mi tarjeta el Feve hasta Valle Real, tendría que abrir una tercera cartera virtual y meter dinero ahí. Imagino que si quisiera ya rizar el rizo y ¡oh! viajar hasta Pedreña en barca, tendría que cerrar uno de los tres monederos y abrir otro…
¿Cual es la ventaja de esto? Precios algo reducidos en los billetes. ¿Merece la pena? No lo tengo tan claro. Al tener que recargar números redondos en cada monedero, al final lo que acabas acumulando es un montón de euros que quedan como remanente en cada compañía (dinero que ellos ya han ganado y tú no puedes usar porque no llega para un viaje completo). Por otro lado, llevar un control del dinero que tienes en la tarjeta me parece bastante complicado a no ser que lleves una libreta en la que cada vez que saques un billete puedas anotar el saldo restante (sólo lo puedes comprobar en el autobús al hacer la compra) Si yo simplemente con la cuenta para Alsa ya he ido a pagar dos veces y no tenía suficiente, no quiero imaginarme si tuviera que llevar calculado lo de tres compañías distintas…
Yo pregunto, ¿no tendría más sentido que todo el dinero valiera para todos los transportes y tener realmente una tarjeta unificada? ¿No puede ir todo el dinero a una cuenta común y que cada compañía coja lo correspondiente según los tickets que haya vendido? ¿Dónde está el problema que se me escapa? Todos querrán sus comisiones imagino…
Y otra cuestión, ¿si las tarjetas no son personales ni tienen ninguna identificación, por qué no puedo pagar dos billetes con la misma tarjeta? Es como tener un bonobús de los antiguos y que no me dejaran ticarlo dos veces. “No se puede, son las normas” o “si viene un inspector y ve dos billetes con la misma tarjeta a mí se me cae el pelo” son respuestas que he obtenido de conductores a los que les preguntaba cuál era el problema de pasar mi tarjeta para comprar dos billetes o simplemente pasarle mi tarjeta a mi acompañante y que pagara con ella el suyo…
Al menos en el transporte urbano de Santander sí que se pueden pagar varios billetes o incluso hacer transbordos con su propia tarjeta sin contacto. Eso sí, el subir dos céntimos el viaje de 0,60 a 0,62 ha provocado igualmente el problema del dinero que se queda en la tarjeta sin poder usar… Cuando salió la misma y el mínimo de recarga eran 6 euros todo iba bien, era como tener un bono de diez viajes. Ahora con esa recarga mínima tienes para 9,67 viajes… otro despropósito.


